Cuando hace unos días estaba en el rincón del sagrario echando un ratito de cháchara con mi amigo y se me acercó Sebastián y me dio este papel (“el día 22 celebración de la penitencia”) y me dijo: “prepara tú el examen”, le contesté de broma: “¿para qué? Si pienso aprobarlos a todos” Un par de días después empecé a preparar el examen y volví a pensar: “que alegría ir a un examen sabiendo que vamos a aprobar” Y me acordé de una experiencia de cuando yo era joven y revolucionario. Le prometí a mis alumnas el aprobado en la primera clase. Sin exámenes. Sin agobios. Cada cual tenía que preocuparse sólo de aprender hasta donde pudiera. Y la experiencia fue maravillosa. Nunca he tenido un grupo más preocupado por aprender. Nunca he trabajado con una clase a un nivel seme...