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EL PAÍS DE ¡HUI, QUE VIENE EL COCO!





            Érase un país muy, muy, muy lejano en el que la gente se odiaba y se temía por causa de una guerra. Era una guerra antigua que nadie había conocido más que en películas y en los libros. Pero desde pequeños les habían inculcado que debían identificarse con alguno de los dos bandos y así odiarse y temerse unos a otros.

            La guerra había sido fruto, como todas las guerras, de la ambición, la ignorancia y el fanatismo. Aunque, repito, era un hecho histórico del pasado, los políticos del presente seguían siendo ambiciosos y les resultaba rentable mantener a la gente en la ignorancia para fanatizarla con más facilidad y así atraerla a su bando asustándola con mentiras y presentándose ellos como salvapatrias, protectores e imprescindibles para cuando los del otro bando vinieran a… no sé, se supone que el otro bando debe venir en algún momento a hacer algo malo.

            Y la gente se dejaba engañar porque estaban asustados y porque, desde pequeños no habían conocido otra cosa... Les habían educado en el miedo en lugar de en la libertad y en el respeto.

            Y todos vivían felices con sus odios y sus miedos sintiéndose así buenos y honestos ciudadanos.

            Pero llegó un día desgraciado en el que coincidieron en ambos bandos, políticos que se pasaban de tontos aunque, eso sí, fueran muy ambiciosos. Como el miedo había llegado a un punto crítico, gracias sobre todo a la labor de algunos periódicos y de algunas emisoras de radio y de televisión especializados en mentir y en asustar, los militares decidieron que había llegado el momento de intervenir para salvar de nuevo a la patria. Como en la ocasión anterior se sublevaron y empezaron a matar…

            La historia cerró así un ciclo y las barbaridades que se cometieron en esa nueva salvajada dieron pie para poder seguir asustando viejas y niños pequeños y así sucesivamente.

            Y colorín colorado, quiera Dios que esto no sea más que un cuento.

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