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LA BÚSQUEDA




Érase una vez un país muy, muy, muy lejano en el que vivía un hombre que, por azares del destino, dejo de creer en Dios.

Entonces le dijeron:

-“Usted. no puede vivir aquí”. Y el hombre se mudó a la ciudad de los sin-Dios.

Cuando llegó se sorprendió de que hubiera tanta gente sin fe, porque siempre había oído en la tele de su país que todo el mundo era creyente. Luego empezó a hablar con la gente y aún se sorprendió más porque les oía decir:
- “Yo creo en el poder…”
- “Yo creo en el dinero…”
- “Yo creo en la naturaleza…”
- “Yo creo en el arte…”
- “Yo creo en mi misma”. Y la que lo dijo, al decirlo, levantó la cara y se le erizaron los pelillos del bigote.

Y el hombre pensó que no eran tan incrédulos después de todo.

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