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EL MUNDO DE LOS MEDIOCRES



                En un país muy, muy, muy lejano, sólo se valoraba a los triunfadores, los más inteligentes, los más valientes, los más guapos.
                Los que no lograban destacar eran apartados y se les cerraban todas las puertas de la profesión en la que ellos habían soñado desarrollar su talento.
                Algunos de estos hombres rechazados porque no alcanzaban el estándar requerido fueron arrinconados hacia otras carreras en las que fueron terriblemente dañinos y causaron un daño inmenso a la sociedad.
                Algunos que no habían podido triunfar en el mundo de las bellas artes, sí se convirtieron en líderes indiscutibles de la política o de la milicia. Y en ese nuevo menester volcaron toda la amargura de su frustración actuando con inusitada violencia y crueldad.
                Los que juzgaron que su talento no era suficiente para publicar un libro de poesía, para ganarse la vida escribiendo en un periódico o para pintar un cuadro o decorar una habitación, nunca sospecharon cuántas guerras se hubieran evitado, cuántos millones de personas no habrían sido asesinadas o padecido tormentos.
                Es triste pensar que en aquellas terribles situaciones entre los millones de personas que huían, perdían a sus seres queridos o caían víctima de guerras, represiones, venganzas, hambre y enfermedades causadas por la miseria, el abandono y la crueldad, hubo algunos que se enriquecieron con el contrabando, la delación o la fabricación y venta de armamento para las guerras.             
Y entre aquellas víctimas inocentes, cuántos escritores, poetas, médicos, ingenieros que vieron truncadas sus vidas y no pudieron dejar a la humanidad el fruto de su trabajo y su capacidad. Porque cuando los mediocres dirigen el mundo, el verdadero talento no tiene cabida. Y así nos empobrecemos todos.
                Los economistas, cuando definen la Ley de Gresham, dicen que en una comunidad en la que circulan a la vez dos formas de dinero, la moneda mala hace huir a la buena. Es un fenómeno que se ha repetido a lo largo del tiempo.
                Y colorín colorado, este cuento se acaba aquí lamentando que Napoleón no pudiera ganarse la vida como poeta, Franco como periodista y Adolfo Hitler como pintor. Cómo sería entonces nuestro mundo.

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