Érase una vez un país muy, muy, muy
lejano en el que aumentaba mucho el paro y la gente desesperada se marchaba a
trabajar al extranjero.
Subía entonces un joven desde Lepe
hasta Hamburgo para buscar trabajo pues a pesar de contar en su currículo con
una licenciatura y un máster, en su país nadie le contrataba; y por el camino
le asaltaron los gestores de un banco y le robaron todo lo que tenía, dejándole
tirado a un lado del camino con la moral hundida y su autoestima prácticamente
inexistente.
Acertaron a pasar por allí unos
parlamentarios, del Congreso y del Senado. Iban hablando del proyecto que
tendrían que votar esa tarde y ni siquiera le vieron.
Luego pasó el portavoz de la mayoría en
el Congreso y, aunque le vio, también pasó de largo porque tenía prisa, para
decir a los suyos qué tenían que votar obligatoriamente en aquella sesión, so
pena de perder la oportunidad de aparecer en las listas de las siguientes
elecciones.
Luego pasó el alcalde del pueblo más
próximo y tampoco se acercó a ayudarle porque tenía unos terrenos que
recalificar urgentemente para que su partido cobrara una sustanciosa comisión
con la que pagar la nueva y lujosa sede que se estaban construyendo en Madrid.
Por fin pasó un indignado del 15M y
cuando le vio, se acercó a él y, aunque tenía prisa porque los anti-disturbios le
habían sacado en fotos y vídeos en la última manifestación, se aproximó, le
ofreció unos chicles y se pusieron a charlar un rato, y al escuchar con
atención los problemas del joven universitario se compadeció de él.
Subiéndolo en su moto, le llevó a la
ciudad más cercana, le acompañó hasta la oficina de Cáritas y les dijo:
-«Traigo a un amigo para que le
escuchéis y le concedáis un micro-crédito con el que pueda emprender un negocio
que se le ha ocurrido. Yo voy a colaborar con todo lo que llevo encima, pero,
si no es suficiente, os firmaré avalándole con todos mis bienes presentes y
futuros porque yo sí confío en el ser humano y en su capacidad para superar los
problemas con la ayuda del prójimo y de su trabajo»
Este cuento podrá parecer a algunos
una blasfemia y a otros un ejercicio literario, pero el que esto escribe sólo
pretende hacer un poco de denuncia profética. Porque en la situación actual, un
cristiano que permanece con la boca cerrada se hace cómplice de la injusticia y
de la maldad que nos envuelve.
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