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EN EL PRINCIPIO…



            En del principio creó Dios la luz para iluminar a los hombres y que pudieran caminar sin tropiezos. Y  vio Dios que la luz era buena y la dejó brillar
            Pero vino detrás el diablo y creó la sombrilla para inventar las tinieblas. Y vio que era malo y la dejó fastidiar…
            En un país muy, muy, muy lejano había unos hombres que se llamaban a sí mismos políticos y que se dedicaban a robar, mentir y vivir con toda clase de lujos sin dar un palo al agua, siempre a costa de los demás.
            Aquel país había vivido muchos años bajo una dictadura cruel y sanguinaria, como suelen ser todas las que han permitido que, por medio de la violencia, se encumbre alguien hasta la más alta magistratura de un país.
            Cuando murió el dictador la gente se alegró porque se recuperaban la libertad de expresión y la posibilidad de elegir democráticamente a sus gobernantes. Durante unos años el país fue mejorando. Se renovaban sus infraestructuras, se modernizaban sus ciudades. Las universidades llenas de jóvenes veían como las mujeres conseguían licenciaturas en todas las ramas del saber. Ya ninguna ley las consideraba inferiores a los hombres y ellas demostraban en todas partes que podían ser tan inteligentes y capaces o aún más que los hombres.
            Pero la ambición de poder y dinero de muchos de los nuevos políticos,  les llevó a una total corrupción de país. El sistema educativo se reformó para conseguir que la gente, al estar peor formada, perdiera su capacidad de razonar y se la pudiera dominar y manipular fácilmente. Y así, en las campañas electorales  se asustaba a los votantes con historias de calamidades que ocurrirían si insistían en buscar otros líderes distintos.
            A nivel mundial, volvió a aparecer el populismo y nuevos líderes iban tomando posiciones intoxicando a la gente con sus peroratas. Y sus actos, gracias a la globalización, tenían consecuencias en todo el mundo.
            Los pocos que tenían valor para pensar por sí mismos y se oponían a la corrupción y el populismo, eran presentados como un peligro y se enarbolaban las banderas del miedo contra ellos.
            Y colorín colorado, este cuento lo acabará de escribir la historia cuando las aguas vuelvan a su cauce y  el pueblo, gracias al discernimiento, recupere la cordura.


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